martes, abril 26, 2005

Extremistas

Antes preguntaba por qué para las hormigas era tan fácil complicarse la vida. Cuando vas al baño, a menudo aparecen pelotones marchando justo por el futuro trayecto del agua, o muy cerca del jabón mojado. Te secas las manos con un gesto de solemnidad y resignación, tras cometer asesinato involuntario, pero más adelante las encuentras sobre tu gavetero cargando huellas de menta, dejando su vida a voluntad de la suerte, como los humanos.

Las hormigas son expertas en deportes extremos. Está calculado que si un humano practica alguna actividad equivalente, su cuerpo se vuelve talco, como si aceleraran la vida con el buscador de las caseteras.

Las hormigas se burlan de eso. Constantemente, se pasean por el borde de la imaginación, pasan sin darse cuenta por las ruinas del cansancio (fíjense que lo único que comen es azúcar y la tasa de obesidad es bajísima en su población mundial).

Ahora me doy cuenta por qué el ejército es tan efectivo. No sólo se trata de su uniformito rojo o negro, lo que pasa es que ya están acostumbradas a forcejear con la vida.

Su actividad favorita es deslizarse. Por eso acuden masivamente a los baños y cocinas, para que cuando la gente esté en otra cosa, tirarse por la pendiente resbalosa con sus gafas, dejando sus antenas atrás, en las manos del viento, con sus patitas confundiéndose entre sí mismas, produciéndoles una punzante cosquilla en la panza.

Alcanzan velocidades impresionantes, se detienen con la clavija que controla el paso del agua y se devuelven. Hay que decir que a pesar de que no son muy buenas nadadoras, difícilmente se ahogan, porque pegan con firmeza sus débiles patitas al suelo, con tracción en todas las gomas. Otras, empapadas de agua, no pueden caminar porque una gota les retiene un pie; entonces espera unas cuantas brisas, hasta que seque y luego camina como nueva, aunque con ligera fatiga en los tejidos.

Cuando hay gran número de competidores, una brigada de bomberos se para junto a la clavija a controlar las caídas y ayudar a cualquier deportista en problemas. Además, cada ciudad tiene su selección de competidores que envían a torneos que son famosos en todos los hormigueros.

Toda actividad extrema en las casas, termina cuando un humano se acerca. Las hormigas fingen haber regresado a la normalidad, se paran derechitas, creyendo que uno no sabe lo que estaban haciendo, y hasta se hacen las muertas.


De "Camaleón", 2000.

5 comentarios:

Marel Alemany dijo...

La verdad es que no me gustaría ser una hormiga; pero si copiar un poquito de su disciplina y sobretodo de su capacidad de trabajar en equipo. Esta sociedad tiende hacía todo lo contrario. Constantemente te están bombardeando con mensajes de individualidad y cuando ya está sólo te preguntas de que sirve tanta soledad. Me voy a ir lejos, pero tenemos que empezar a plantearnos sistemas intermedios entre ser hormigas y ser humanos (o entre el comunismo y el capitalismo, liberalismo, individualismo, por decir algo)

rosanel dijo...

Tengo, tengo una hormiguita en la pancita, que me, que me hace mucha cosquillita... Con la A: tanga, tanga...la la la...

yamita dijo...

no puedo ir al baño y ver ese camino de hormiguitas sin pensar en ti... jajajajajajajaja

lizzie González dijo...

si y tambien son expertas en saltos, porque a veces cuando he tomado un poco de alcohol, las siento que caminas sobre mis extremidades y justo cuando voy a ver....todas saltan al mismo tiempo y nunca las encuentro.

Homero Pumarol dijo...

¨"Por más que comen azúcar no aumenta su taza de obesidad", me gustó ese golpe.