viernes, octubre 28, 2005

Poeta y dos puntos

Querido Isaac:



Te escribo desde el quinto cielo de la Plaza Compostela, con más gripe que ideas, como si faltaran sinutabs y sobrara presente. Santo Domingo hace rato que está aburrida y sentada en el rincón de algún local vacío en el que hubo un bar.

Precisamente ahora que la vida me da turno, el desierto se mete en las calles, la crisis nos deja a varias esquinas del barrio de los besos pendientes y la gasolina se encuentra sólo en las estaciones de radio.

No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí, pero seguramente fue después de descubrir que estaba contaminado de mí mismo, descubriéndome repetido en algunas páginas.

Poco después vino el período de lectura, de autocrítica y claro, el complejo. Entonces no he podido escribir otra cosa que no sea teléfonos, direcciones.

Quisiera hablar de la innecesaria sobrevaloración de la sinceridad, y de las mentiras piadosas que evitan heridas. Quisiera demostrar que la palabra sangra, contar historias, evitar oraciones inertes, escribir vainas de odio contra el mundo y luego reconciliarme con él. Pero hoy no estoy en pendejadas.

5 comentarios:

Laura dijo...

Prefiero leer un Janio contaminado de sí que de otros, o peor aún, contaminado de nada...

Chelle dijo...

janiet!!!

por fin... algo muy esperado... una respuesta a una pregunta que me hiciste hace muuuuuchos años... se responde el 19 de noviembre en casa de teatro...

tributo a alanis!!!! si, por mi! :D

Janio dijo...

¡Hasta que por fin lo haces, Mich!

Y en un bonito escenario, voy a llegar temprano para estar en primera fila. Qué bueno, se ilumina un poco noviembre.

Mucha suerte y besos pa' ti.


Un beso a Laura con los ojos aguados.

lizzie González dijo...

donde esta el poeta demente???!!

sortilegio dijo...

A veces suelo acomodarme en las alturas, para reposar el vértigo, pero mis pies aunque con espasmos, siguen haciendo los gestos de andar, pretendiendo avanzar sobre las nubes. He vuelto de rincón más cercano, que una vez fabricara con simples miedos, como la guarida oficial para las noches frías del desierto, pero pasó un segundo y me dejó el sol detrás, a unos cuantos años luz, debo dejar la casa para alcanzarle. No dormía, solo soñaba, el afecto siempre te hace despertar. He vuelto, continúa la excitante caída.