Ignorantes del minuto que sigue, nos parqueamos al frente como si fuéramos extraños y desde allí percibimos la fuerza de los trajes negros de una especie de guardaespaldas entre la multitud, con audífonos disfrazados de piel y actitud enfocada, como los rotwaillers. Parecía un entierro.
Todos empujaban hacia el centro, tratando de ver algo en el piso. Curiosamente, no había nadie de la empresa ahí afuera, excepto Doña Flor, que se despeinaba a ritmo de sus fuertes pisadas en el suelo, con lágrimas usando a las pestañas como trampolines. Estaba como loca, y sólo atinaba a preguntar “¿por qué?” entre constantes descargas de llanto, ira y cierta dosis de humor involuntario. Aquello parecía una noticia de último minuto.
Según las formas de llorar, se puede determinar la causa. Y Doña Flor no proyectaba exactamente tristeza, más bien un estado de shock, porque al parecer estuvo justo en el momento de los hechos.
Llega la prensa y empiezan a salir los personajes habituales, brotando entre la multitud, como la espuma del chocolate.
Alberto tenía los ojos demasiado abiertos como para hablar, y el temblor de su mano derecha fue lo suficientemente elocuente como para titubear con certeza; pero sin darnos cuenta nos acercamos un poco más, obligados por una especie de ética y solidaridad. Pudimos huir como quien tiene un minotauro a sus espaldas y enviar una postal desde el extranjero, pero como a Camus le gustaría saber con exactitud de qué se trata este cuadro, nos abrimos más espacio, es decir, alrededor de un centímetro, entre la apretada gente.
El calor me fue mareando un poco, pero alcancé a distinguir un saco negro. A cierta distancia, escucho que Isaac vocea “¡es un cadáver!”, pero al mirarlo a los ojos, me doy cuenta de que está especulando.
Judith, una joven extraña que constantemente habla de sus más de seis pies de novio, resbala en un pequeño charco de lágrimas mientras cuenta la historia y cae sumergida en la tristeza. Su ropa interior ha suplantado el rating del misterioso objeto del saco, las mujeres sonríen con malicia y los hombres miran boquiabiertos.
Aprovecho para adelantar unos pasos y el saco se mueve, reclamando la anterior atención. La gente reacciona y se apresura a recuperar la postura. Decidido, saco la cabeza a la primera fila y me encuentro con Isaac tapándole el sol al saco, mientras dice con el tono más policiaco de los años ochenta: “es él, sin lugar a dudas”. Pero antes de que dirija mi vista al objeto, noto que una gota de sudor de Germania, la administradora, se desliza por su nariz y salta sin paracaídas hacia el único hueco descubierto del saco y del que no alcanza a distinguirse su interior desde mi posición.
miércoles, marzo 09, 2005
Enc/tierro 1ra. parte
Hoy salimos de casa más temprano que siempre. Respirábamos el humo ilusorio de las mañanas a un lado del mar, entre camiones que hacían temblar el piso gris y el mismo policía repetido muchas veces a lo largo del trayecto.
Admirábamos la posible pureza del aire que respiran los pelícanos, desde el interior de una burbuja superpoblada por smog y algún estornudo involuntario.
Recordamos un instrumental que nunca habíamos escuchado, rodeado de monitores transparentes.
Como pocas veces, en esta ocasión tuvimos la oportunidad de detenernos en cualquier calle, mojarnos los ojos y entablar un monólogo de la música tropical, en contraste con nuestra oreja de turno. Hoy es un raro día.
Empiezo a sospechar de la sinceridad del reloj y consulto a otros cercanos que reafirman la opinión de la pantalla de mi teléfono celular. Llegar temprano un jueves tan caluroso como éste, amerita la duda de que hoy sea sábado, de repente.
Pero no. Y la conformidad de mi rostro celebraba mi exótica puntualidad, moviendo la cadera del cuello, tocando batería sobre el guía de nuestras cuatro gomas más queridas. Cuando entramos al sector, rumbo al destino diario, la gente en las aceras aceleraba su paso, cerca ha ocurrido lo que nunca ocurre en áreas como ésta: un tumulto.
Doblamos en varias esquinas y casualmente, la gente caminaba en coordinación a mis instintos acostumbrados. Isaac tenía razón, algo había ocurrido en la oficina.
Admirábamos la posible pureza del aire que respiran los pelícanos, desde el interior de una burbuja superpoblada por smog y algún estornudo involuntario.
Recordamos un instrumental que nunca habíamos escuchado, rodeado de monitores transparentes.
Como pocas veces, en esta ocasión tuvimos la oportunidad de detenernos en cualquier calle, mojarnos los ojos y entablar un monólogo de la música tropical, en contraste con nuestra oreja de turno. Hoy es un raro día.
Empiezo a sospechar de la sinceridad del reloj y consulto a otros cercanos que reafirman la opinión de la pantalla de mi teléfono celular. Llegar temprano un jueves tan caluroso como éste, amerita la duda de que hoy sea sábado, de repente.
Pero no. Y la conformidad de mi rostro celebraba mi exótica puntualidad, moviendo la cadera del cuello, tocando batería sobre el guía de nuestras cuatro gomas más queridas. Cuando entramos al sector, rumbo al destino diario, la gente en las aceras aceleraba su paso, cerca ha ocurrido lo que nunca ocurre en áreas como ésta: un tumulto.
Doblamos en varias esquinas y casualmente, la gente caminaba en coordinación a mis instintos acostumbrados. Isaac tenía razón, algo había ocurrido en la oficina.
martes, marzo 08, 2005
viernes, marzo 04, 2005
Mayonesa
Un payaso es un pote transparente de mayonesa con frambuesa. Y creo que besar a aquella mujer que se ríe de los chistes del muñeco, es lo mismo que comerse unas galleticas redondas con payaso.
jueves, marzo 03, 2005
Nota
Señora, es un honor que me haya invitado a un café en la sala de su cabeza, porque a través de sus ventanas puedo ver un montón de cosas que incluyen la luna.
Gracias por traerme a colación, cuando la lluvia llueve y el día no es tan claro; no porque se fue el sol, sino porque hoy la noche trabaja horas extras.
Por aquí queda un eco débil -pero consistente- de su desorden capilar y ordenado cerebro.
Le dejo junto al teléfono un condenado abrazo y un asqueroso beso,
con húmedas huellas en el piso de la higiénica sala.
Gracias por traerme a colación, cuando la lluvia llueve y el día no es tan claro; no porque se fue el sol, sino porque hoy la noche trabaja horas extras.
Por aquí queda un eco débil -pero consistente- de su desorden capilar y ordenado cerebro.
Le dejo junto al teléfono un condenado abrazo y un asqueroso beso,
con húmedas huellas en el piso de la higiénica sala.
miércoles, marzo 02, 2005
Razón para tocar puerta
Cuando se escucha un crujir de huesos, es porque él está ahí. Empecé a dar pasos de baile para ver si por el movimiento se cerraba la llave y de repente, sonó otra vez un “¡clack!”, ahora acompañado de un bostezo, por lo cual supe que era su mandíbula.
En medio de la fatal desesperación física, tuve escasos segundos de alegría, porque los hombres, cuando satisfacemos necesidades como éstas, somos culpables de ciertas conductas recurrentes: bostezo, nos acariciamos el pecho, presionamos la palanca con la uña del dedo mayor, subimos el zipper, abotonamos y cerramos la hebilla de la correa. Luego, nos miramos en close up contra el espejo hasta el último detalle, porque no sabemos cuándo será la próxima vez que nos topemos con otro.
Por eso, después de los huesos de su mandíbula, empiezo a imaginarme qué estaría haciendo yo en ese instante, si estuviera del otro lado de la puerta. Lo hago para distraer la mente sin mucho éxito y cada vez mis piernas se parecen más a las alas de una mariposa, que rápidamente se convierte en una violentísima mariposa, aleteando fuertemente, escuchándose el sonido de los jeans con el viento, soltando aire por la nariz, como si estuviera sacando agua del Titanic en medio del pánico.
De repente, suena la manija del lavamanos y ahí me calmo un poco sin darme cuenta, aunque rápidamente empieza el caos.
No voy a tocar la puerta, porque cuando estoy ahí adentro, lo que más odio es precisamente eso. Ese espacio, a pesar de ser público, es lo más privado que tenemos y nadie tiene derecho a molestarnos. Ni siquiera a los presos se les niega esa intimidad; la regla consiste en que nadie los perturbará y ellos no harán ningún plan de escape en el tiempo dedicado a estas acciones. El acuerdo se desarrolla por instinto, naturaleza animal y sucede lo mismo: a nadie se le ocurre molestar.
Sin embargo, el hombre no sale y yo he hablado hasta de las cárceles, la privacidad y los derechos humanos. Parece que se está lavando la cara y ya he empezado a soltar el aire a presión por la nariz y la boca; el sonido es idéntico al del metro de Barcelona, mientras mis manos casi no aguantan las ganas de agarrar el zipper con toda su fuerza. Mi cerebro manda órdenes constantemente de no abrir fuego, pero cada segundo que pasa, va perdiendo autoridad.
El tipo, con toda su calma, agarra una hoja de papel sanitario, se limpia la garganta, seca su cara y empieza a silbar parsimoniosamente.
Ya mi baile se ha convertido en marcha y yo hago la banda sonora con un instrumental inédito de mi única responsabilidad. Ha pasado gente por el pasillo y me ha visto como un símbolo de la desesperación total, como un argentino de principios de siglo XXI, como un trapecista que trabaja con sus dos pies sobre la tierra.
De repente, uno de mis compañeros de trabajo se detiene y empieza a contarme por qué cree que lo van a despedir y que si es por él, se fuera, lo que pasa es que… y cosas así, que no alcancé a escuchar, porque mi prioridad era que esa puerta se abriera para entrar como la luz a ese oasis de concreto y porcelana.
Pero mi compañero se esmeraba en dar detalles y pronto llegó a su vida íntima, a que su familia lo tenía harto y que su padre era un irresponsable y que se había atrevido a decir que su santa madre era una hija de puta y quién sabe cuántas cosas más a las que yo no hacía caso, hasta que el tipo empieza a hablar con cortos terremotos violentos en la garganta y sus ojos se humedecen, se aguan y a llorar se ha dicho.
- Discúlpame si te estoy cansando con esta historia de mierda, yo sé que es molesto.
- No, no, de ninguna manera, yo estoy aquí para escucharte.
- Me da la impresión de que no quieres oírme y que no me has puesto atención.
- Claro que te escucho, dime.
Claro que no lo escuchaba. Sentía que mi cabeza se explotaba porque había estado aguantando el baile por pudor inconsciente. Pero aprovechaba cualquier comentario para hacer un movimiento brusco. Por ejemplo, decía “no tienes que ponerte así” doblando el cuerpo y soltando fuertemente el brazo derecho hacia delante. O decía “¡qué vida ésta!” mientras tiraba hacia atrás la cabeza, pegando la parte trasera de la espalda.
Hasta que no aguanté más y dije “tienes que tomar la vida desde otro punto de vista, goza, que nada es tan importante”, tomando ese dislocado comentario como excusa para bailar con mucho más ímpetu que hace un rato, cuando todavía no había derramado varias gotas ni tenía muy serios problemas de seguridad en la salida, como ahora.
Desde adentro sonó un teléfono celular y el hombre se alegró de hablar con una tal Marta, mientras mi compañero se consolaba a medias con mi baile y yo empezaba a sentir que no tenía salida y que si trataba de ir a otro sitio, me volvería un desastre.
Mi compañero siguió contándome con atención y me pedía que dejara de bailar para continuar, porque “para esto hay que ponerse serios”.
Ya se me están zafando pequeños caños intermitentes y siento que la eternidad recién empieza.
Se escucha la cerradura de la puerta y justo en ese instante llega mi jefe de muy buen humor, nos saluda y el tipo sale (era quien yo pensaba), pero como el jefe vio que yo “escuchaba” las confesiones familiares de mi compañero, dijo “disculpen, pero cuando empiezan las ganas, yo prefiero ir de inmediato, porque si no, se daña la próstata. Y yo no sé muy bien lo que es eso, pero he oído algo de un dedo en donde no es”. Ante mis ojos llenos de lágrimas agarró el manubrio y entró riéndose por su chiste, mientras yo sonreía por cortesía, con una expresión de “no lo puedo creer”.
El jefe puso seguro varios segundos después de entrar y tuve que elegir entre volver descaradamente a aguantar la burla de todos, o enviar mi renuncia por correo electrónico, tiempo después.
En medio de la fatal desesperación física, tuve escasos segundos de alegría, porque los hombres, cuando satisfacemos necesidades como éstas, somos culpables de ciertas conductas recurrentes: bostezo, nos acariciamos el pecho, presionamos la palanca con la uña del dedo mayor, subimos el zipper, abotonamos y cerramos la hebilla de la correa. Luego, nos miramos en close up contra el espejo hasta el último detalle, porque no sabemos cuándo será la próxima vez que nos topemos con otro.
Por eso, después de los huesos de su mandíbula, empiezo a imaginarme qué estaría haciendo yo en ese instante, si estuviera del otro lado de la puerta. Lo hago para distraer la mente sin mucho éxito y cada vez mis piernas se parecen más a las alas de una mariposa, que rápidamente se convierte en una violentísima mariposa, aleteando fuertemente, escuchándose el sonido de los jeans con el viento, soltando aire por la nariz, como si estuviera sacando agua del Titanic en medio del pánico.
De repente, suena la manija del lavamanos y ahí me calmo un poco sin darme cuenta, aunque rápidamente empieza el caos.
No voy a tocar la puerta, porque cuando estoy ahí adentro, lo que más odio es precisamente eso. Ese espacio, a pesar de ser público, es lo más privado que tenemos y nadie tiene derecho a molestarnos. Ni siquiera a los presos se les niega esa intimidad; la regla consiste en que nadie los perturbará y ellos no harán ningún plan de escape en el tiempo dedicado a estas acciones. El acuerdo se desarrolla por instinto, naturaleza animal y sucede lo mismo: a nadie se le ocurre molestar.
Sin embargo, el hombre no sale y yo he hablado hasta de las cárceles, la privacidad y los derechos humanos. Parece que se está lavando la cara y ya he empezado a soltar el aire a presión por la nariz y la boca; el sonido es idéntico al del metro de Barcelona, mientras mis manos casi no aguantan las ganas de agarrar el zipper con toda su fuerza. Mi cerebro manda órdenes constantemente de no abrir fuego, pero cada segundo que pasa, va perdiendo autoridad.
El tipo, con toda su calma, agarra una hoja de papel sanitario, se limpia la garganta, seca su cara y empieza a silbar parsimoniosamente.
Ya mi baile se ha convertido en marcha y yo hago la banda sonora con un instrumental inédito de mi única responsabilidad. Ha pasado gente por el pasillo y me ha visto como un símbolo de la desesperación total, como un argentino de principios de siglo XXI, como un trapecista que trabaja con sus dos pies sobre la tierra.
De repente, uno de mis compañeros de trabajo se detiene y empieza a contarme por qué cree que lo van a despedir y que si es por él, se fuera, lo que pasa es que… y cosas así, que no alcancé a escuchar, porque mi prioridad era que esa puerta se abriera para entrar como la luz a ese oasis de concreto y porcelana.
Pero mi compañero se esmeraba en dar detalles y pronto llegó a su vida íntima, a que su familia lo tenía harto y que su padre era un irresponsable y que se había atrevido a decir que su santa madre era una hija de puta y quién sabe cuántas cosas más a las que yo no hacía caso, hasta que el tipo empieza a hablar con cortos terremotos violentos en la garganta y sus ojos se humedecen, se aguan y a llorar se ha dicho.
- Discúlpame si te estoy cansando con esta historia de mierda, yo sé que es molesto.
- No, no, de ninguna manera, yo estoy aquí para escucharte.
- Me da la impresión de que no quieres oírme y que no me has puesto atención.
- Claro que te escucho, dime.
Claro que no lo escuchaba. Sentía que mi cabeza se explotaba porque había estado aguantando el baile por pudor inconsciente. Pero aprovechaba cualquier comentario para hacer un movimiento brusco. Por ejemplo, decía “no tienes que ponerte así” doblando el cuerpo y soltando fuertemente el brazo derecho hacia delante. O decía “¡qué vida ésta!” mientras tiraba hacia atrás la cabeza, pegando la parte trasera de la espalda.
Hasta que no aguanté más y dije “tienes que tomar la vida desde otro punto de vista, goza, que nada es tan importante”, tomando ese dislocado comentario como excusa para bailar con mucho más ímpetu que hace un rato, cuando todavía no había derramado varias gotas ni tenía muy serios problemas de seguridad en la salida, como ahora.
Desde adentro sonó un teléfono celular y el hombre se alegró de hablar con una tal Marta, mientras mi compañero se consolaba a medias con mi baile y yo empezaba a sentir que no tenía salida y que si trataba de ir a otro sitio, me volvería un desastre.
Mi compañero siguió contándome con atención y me pedía que dejara de bailar para continuar, porque “para esto hay que ponerse serios”.
Ya se me están zafando pequeños caños intermitentes y siento que la eternidad recién empieza.
Se escucha la cerradura de la puerta y justo en ese instante llega mi jefe de muy buen humor, nos saluda y el tipo sale (era quien yo pensaba), pero como el jefe vio que yo “escuchaba” las confesiones familiares de mi compañero, dijo “disculpen, pero cuando empiezan las ganas, yo prefiero ir de inmediato, porque si no, se daña la próstata. Y yo no sé muy bien lo que es eso, pero he oído algo de un dedo en donde no es”. Ante mis ojos llenos de lágrimas agarró el manubrio y entró riéndose por su chiste, mientras yo sonreía por cortesía, con una expresión de “no lo puedo creer”.
El jefe puso seguro varios segundos después de entrar y tuve que elegir entre volver descaradamente a aguantar la burla de todos, o enviar mi renuncia por correo electrónico, tiempo después.
lunes, febrero 28, 2005
Lagarto
Viniste con tantas caras y jeans diferentes, que ya no sé con qué me vas a saltar. Nunca imaginé esta espera. El ruido me reinventa, la calle es ahora una pared y yo un lagarto que cambia de color para disfrazar un poco la soledad. Entras y sales de vez en cuando. Una vez con la piel morena, otra vez blanca, rubia, con nombres, oficios y recreos distintos. Y ahora que miro tu caligrafía descubro que nunca has entrado demasiado. ¿Qué será lo último que pierde la esperanza misma?
No sé, pero me acostumbré a vivir a expensas de tu juego. Las garras de los gatos más jóvenes siguen siendo garras. Y ahora, casi sin darme cuenta, Soy un cadáver de lagarto que se mueve por las patadas de tus manos. Cuando aprendí a vivir, ya era demasiado tarde.
No sé, pero me acostumbré a vivir a expensas de tu juego. Las garras de los gatos más jóvenes siguen siendo garras. Y ahora, casi sin darme cuenta, Soy un cadáver de lagarto que se mueve por las patadas de tus manos. Cuando aprendí a vivir, ya era demasiado tarde.
Demasiao magic
Hace tiempo que no vivía la magia. El sábado fue increíble, el día nos quedaba lento, los problemas se resolvían solos. Ya en la noche, el amor venía incluido en el aire. Presentí que algo bueno iba a pasar, desde el soundcheck. Los músicos fueron puntuales, cosa rarísima, los guitarristas llegaron primero, cosa aún más exótica; llamamos a Alex tardísimo y llegó a la hora prometida, entonces de repente estábamos gozando.
Pues nada, acabamos el ensayo/soundcheck, voy a casa y vuelvo, me encuentro con tantas caras queridas, los músicos fueron llegando uno a uno y el camerino se iba pareciendo más a una discoteca en la que el dj era la risa de todos.
Marel arrancó brillante, Peter estaba inspirado y Karel con fuerza indetenible. El Gurú parecía celebrar con sus instrumentos su cada vez mayor compenetración con los muchachos.
A pesar de que ha tenido unos días bastante ajetreados, vimos a un Marel enérgico, cada día más desgarrante, con la garganta un poco más violenta. Entró y salió con la elegancia de Zidane en los estadios de futbol. Todo eso y el amor seguía su curso con la llegada de “Palabras en el Aire” y nuestra versión acostumbrada.
Peter es un auténtico maestro y una grandísima persona.
Después, entramos nosotros a dejar el pellejo en el terreno de juego. Fue como si una mano de luz nos agarrara y nos dejara secuestrados por un rato adictivo.
Ely estuvo potente, nos llevó por rumbos calientes, con sus muñecas de jazz y sus brazos rockeros. Un ejemplo de complicidad y buena vibra es Ely.
Fede como siempre tiró rayos poderosos por la guitarra (nueva), escucharlo es conectarse de un cable dos-veinte. El Chomps puso muchísimo feeling con la guitarra acústica y derrochó un power impresionante con el bajo en la primera canción mía que hicimos. Llamó a Pedrito Guerra.
Entonces, nada funcionaba sin ese sonido peculiar, incendiario y sexy de Janio Mike Collins. El flaco demostró que esos dedos largos no son para jugar Nintendo que se hicieron. Trajo el swing, la textura funk.
La gente estuvo genial, cálida, cariñosa y de fiesta. Fue emocionante que aplaudieran mis canciones, me han puesto las pilas. Se siente algo especial.
El Chomps cantó y abrió el momento acústico. El solo con su guitarra suavizó la noche que se había puesto áspera. Alex estuvo increíble, la velocidad acertada de Rienda Suelta, la guitarra como era, la voz como era. Y luego le tiramos un beso a Fito.
Al final, quedó claro que el tiempo es muy poco. Gracias a todos. Pronto escucharán más canciones y vienen par cosas por ahí, luego les cuento.
Magia como siempre tiró muchísimas fotos. Alex también. Y Laurita. Chío, quiero ver los videos tuyos y las fotos de Ferreira.

Aguante Rivo, forza Barça.

Marelín en acción.

Fáier.

Marel Altagracio backstage.
Pues nada, acabamos el ensayo/soundcheck, voy a casa y vuelvo, me encuentro con tantas caras queridas, los músicos fueron llegando uno a uno y el camerino se iba pareciendo más a una discoteca en la que el dj era la risa de todos.
Marel arrancó brillante, Peter estaba inspirado y Karel con fuerza indetenible. El Gurú parecía celebrar con sus instrumentos su cada vez mayor compenetración con los muchachos.
A pesar de que ha tenido unos días bastante ajetreados, vimos a un Marel enérgico, cada día más desgarrante, con la garganta un poco más violenta. Entró y salió con la elegancia de Zidane en los estadios de futbol. Todo eso y el amor seguía su curso con la llegada de “Palabras en el Aire” y nuestra versión acostumbrada.
Peter es un auténtico maestro y una grandísima persona.
Después, entramos nosotros a dejar el pellejo en el terreno de juego. Fue como si una mano de luz nos agarrara y nos dejara secuestrados por un rato adictivo.
Ely estuvo potente, nos llevó por rumbos calientes, con sus muñecas de jazz y sus brazos rockeros. Un ejemplo de complicidad y buena vibra es Ely.
Fede como siempre tiró rayos poderosos por la guitarra (nueva), escucharlo es conectarse de un cable dos-veinte. El Chomps puso muchísimo feeling con la guitarra acústica y derrochó un power impresionante con el bajo en la primera canción mía que hicimos. Llamó a Pedrito Guerra.
Entonces, nada funcionaba sin ese sonido peculiar, incendiario y sexy de Janio Mike Collins. El flaco demostró que esos dedos largos no son para jugar Nintendo que se hicieron. Trajo el swing, la textura funk.
La gente estuvo genial, cálida, cariñosa y de fiesta. Fue emocionante que aplaudieran mis canciones, me han puesto las pilas. Se siente algo especial.
El Chomps cantó y abrió el momento acústico. El solo con su guitarra suavizó la noche que se había puesto áspera. Alex estuvo increíble, la velocidad acertada de Rienda Suelta, la guitarra como era, la voz como era. Y luego le tiramos un beso a Fito.
Al final, quedó claro que el tiempo es muy poco. Gracias a todos. Pronto escucharán más canciones y vienen par cosas por ahí, luego les cuento.
Magia como siempre tiró muchísimas fotos. Alex también. Y Laurita. Chío, quiero ver los videos tuyos y las fotos de Ferreira.
Aguante Rivo, forza Barça.
Marelín en acción.
Fáier.
Marel Altagracio backstage.
viernes, febrero 25, 2005
¡Mañana!
Quizás este sea el último post que escriba antes del concierto con los muchachos. Hay tremendo ajetreo, incluso doble ensayo para hoy. Tenemos muchísimas pilas. Espero que el primo de Zacarías me llame pronto. Los grupos musicales que no tienen a Laurita como promotora, están perdiendo dinero. Estoy en medio de un corre-corre enorme.
¡Los veo mañana!
Vayan, no sean así.
Marel y yo dejaremos el corazón tirado, frente al micrófono. Les garantizo que Marel dará un conciertazo y que yo intentaré hacerlo bien.
DEMASIADO TARDE
CASA DE TEATRO
SABADO 26 DE FEBRERO
8:30PM
¡Los veo mañana!
Vayan, no sean así.
Marel y yo dejaremos el corazón tirado, frente al micrófono. Les garantizo que Marel dará un conciertazo y que yo intentaré hacerlo bien.
DEMASIADO TARDE
CASA DE TEATRO
SABADO 26 DE FEBRERO
8:30PM
jueves, febrero 24, 2005
miércoles, febrero 23, 2005
Días urgentes
Bueno, ahora sí. Faltan menos de tres días para el concierto y todo anda agitadísimo. Los ensayos, los complicados horarios de los músicos, arreglar cada canción, los afiches, las entradas, que hay que darle promoción, que si soportas ir a la tele, o la radio, llama a Fulanita, que ustedes no han dicho nada, que Marel y yo estamos en la luna con decirle a la gente. Imagínense, uno pensando en las notas musicales o en cada verso, y entonces, hay que preocuparse por todo lo otro.
Que hay que pagar tal cosa, hay que pagar tal otra, pagar, pagar, pagar, llama al sonidista, pregunta si tienen luces, dile a Mario que cuente con más cámaras, dile al sonidista que grabe el concierto, Federico, falta montar dos canciones más, llama al Chomps, que Fulanita se ofendió porque no la has invitado, dile a ella que lo que pasa es que tengo demasiado cosas encima y no tengo tiempo, ni siquiera de hablar conmigo mismo, que dice ella que no va, porque invitaste a la otra Fulanita, es un lío.
Supermaria ya está preparando los videos, las canciones están casi listas, David tiene algunas fotos, Mario ya coordinó el proceso de grabación y Fernando (Batey 0) ensayará conmigo hoy y Alex mañana.
Hoy, por ejemplo, yo he tenido muchísimo trabajo en la agencia, muchísimo. Y de aquí tengo que ir a buscar algunos instrumentos, para luego ir a ensayar con los muchachos hasta las nueve, para de ahí ir a la tele a tocar una canción con Marel. De ahí debo ir a casa de Fernando a trabajar una música, para acostarme no sé a qué hora, para al otro día venir y hacer anuncios bonitos, buenos y baratos.
Por suerte en estos días estoy fino, todo se me está dando bien.
Duré el día entero escribiendo este post poco a poco, entre trabajos urgentes y llamadas, así que disculpen cualquier tontería vertida.
Que hay que pagar tal cosa, hay que pagar tal otra, pagar, pagar, pagar, llama al sonidista, pregunta si tienen luces, dile a Mario que cuente con más cámaras, dile al sonidista que grabe el concierto, Federico, falta montar dos canciones más, llama al Chomps, que Fulanita se ofendió porque no la has invitado, dile a ella que lo que pasa es que tengo demasiado cosas encima y no tengo tiempo, ni siquiera de hablar conmigo mismo, que dice ella que no va, porque invitaste a la otra Fulanita, es un lío.
Supermaria ya está preparando los videos, las canciones están casi listas, David tiene algunas fotos, Mario ya coordinó el proceso de grabación y Fernando (Batey 0) ensayará conmigo hoy y Alex mañana.
Hoy, por ejemplo, yo he tenido muchísimo trabajo en la agencia, muchísimo. Y de aquí tengo que ir a buscar algunos instrumentos, para luego ir a ensayar con los muchachos hasta las nueve, para de ahí ir a la tele a tocar una canción con Marel. De ahí debo ir a casa de Fernando a trabajar una música, para acostarme no sé a qué hora, para al otro día venir y hacer anuncios bonitos, buenos y baratos.
Por suerte en estos días estoy fino, todo se me está dando bien.
Duré el día entero escribiendo este post poco a poco, entre trabajos urgentes y llamadas, así que disculpen cualquier tontería vertida.
martes, febrero 22, 2005
Advertencia
Si fuéramos piezas de ajedrez de un mismo set, quisiéramos ser los reyes, lógicamente. Y podríamos serlo. Pero tú tendrías que ir caminando en un pie, para poder ir juntos.
Sin embargo, si nos mezclan con los de otra marca, en el nuevo escenario seríamos para siempre unas piezas de otro juego. Yo sería por siempre un peón y tú un peón.
*De "Argumentos", 2002.
Sin embargo, si nos mezclan con los de otra marca, en el nuevo escenario seríamos para siempre unas piezas de otro juego. Yo sería por siempre un peón y tú un peón.
*De "Argumentos", 2002.
viernes, febrero 18, 2005
Puntuacción epidérmica
Qué martirio. Enfermedad. La calle se está llenando de gente, como vistosas circunferencias negras que los científicos han revelado como puntos y aparte. Todos caminan por ahí separados por más de una línea y los días degeneran en un tablero de parché de una sola ficha. Caminan sin saber hacia dónde van, y desde arriba, podrían unirse los puntos para formar constelaciones cuyo significado quedaría a criterio común, pero se creen demasiado distantes para hacerlo.
Lobo López A.
Qué bien, qué bien. Marel dio un tremendo concierto. Es el que más me ha gustado y miren que he ido a muchos. Karel estaba prendido en fuego, El Gurú de lo más acertado y Marel se atrevió muchísimo, anoche fue un jugador agresivo, incluso. Me encanta cuando ensucia un poco la voz y sube el volumen.
Ojalá todos recuerden la tremenda versión de “Lobo López”, en la que Marelín tocó por fin la guitarra. El concierto arrancó con ambiente sexy de Kiko Veneno.
Yo estaba contento, había mucha gente querida. Laurita y Gabi protagonizaron una esquina del bar, me encantó verlas y hablar con ellas. Aproveché para recordarles que están obligadas a vernos el 26.
Rosanel tenía un power que se apagó sólo cuando decidió ir a dormir. Mientras estuvo, fue vital. Nos juntamos con Alex, hoy nos toca preparar algunas cosas. Siempre es bueno conversar con él, sobre todo si empiezas a beber junto a él. Además, Marel y y yo descubrimos que hay lazos que nos unen a los tres y por supuesto, viene algo por ahí con los tres mosqueteros.
Al rato llegaron Chacha y Carla con sus locuras de siempre. La Jovine siempre haciéndome reír.
Les cuento que el otro día me porté malísimo con ella y Sahira. Prepararon una cena riquísima sólo para recibirnos a mí y al Collins, pero ese día fue que Marel se zafó la rodilla y no lo dejamos solo. Entonces, ya se imaginan cómo lo vieron ellas, desde el punto de vista de que “le hicimos cena y nos dejó plantadas”.
Le pedí cacao y ella, mientras me abraza, dice “no te voy a perdonar nunca” y me da un besito. Ante la inminencia del perdón, creo que de todas formas seguiré trabajando en mi proceso de enfriamiento.
Pero bueno, volviendo al concierto, la presencia de la ex-percusionista de Charly García le dio aún más prestigio a la constelación que brillaba en los pasillos y asientos. Toda la gente era bienvenida por mis ojos.
Parecía una convención de bloggers. Aunque el término en este caso no me gusta usarlo, no sé por qué me da mala vibra. Tener un blog y actualizarlo supone un trabajo que respeto. Decir algo y además poner cuidado en cómo, tiene mucho valor, sobre todo en un país con amnesia selectiva y protestas con la boca cerrada.
Pero el caso es que había mucha gente con blogs. A algunos, siento que los conozco tanto, que hasta se me olvida que fue a través de un blog.
Chío y Marel son dos padres ejemplares. Andan con fotos de Luna y Ava (respectivamente) y la verdad es que son dos damas bastante buenamozas.
Justo cuando iba a empezar el concierto llegó una dupla simpática para los conductores suicidas de la ciudad. David y El Poeta. Por fin se dignó el Deivid a acompañarnos. De camino a casa, El Poeta Demente y yo disfrutamos del álbum “Bolsillos” de Pedro Guerra, casi tanto como Rosanel, Collins y yo en el viaje de ida.
En el cumple de mi madre, pre-show del concierto, la pasamos de lo más bien. Como siempre, Magia y El Here adornaron la sala junto a Howard, Emely, Melina, Susana y Ronnie. Ya les traeré fotos de Ronnie. Es un charlatán.
Y bueno, ya estoy hablando demasiado y tengo que escribir un anuncio antes de que se me olvide.
Ojalá todos recuerden la tremenda versión de “Lobo López”, en la que Marelín tocó por fin la guitarra. El concierto arrancó con ambiente sexy de Kiko Veneno.
Yo estaba contento, había mucha gente querida. Laurita y Gabi protagonizaron una esquina del bar, me encantó verlas y hablar con ellas. Aproveché para recordarles que están obligadas a vernos el 26.
Rosanel tenía un power que se apagó sólo cuando decidió ir a dormir. Mientras estuvo, fue vital. Nos juntamos con Alex, hoy nos toca preparar algunas cosas. Siempre es bueno conversar con él, sobre todo si empiezas a beber junto a él. Además, Marel y y yo descubrimos que hay lazos que nos unen a los tres y por supuesto, viene algo por ahí con los tres mosqueteros.
Al rato llegaron Chacha y Carla con sus locuras de siempre. La Jovine siempre haciéndome reír.
Les cuento que el otro día me porté malísimo con ella y Sahira. Prepararon una cena riquísima sólo para recibirnos a mí y al Collins, pero ese día fue que Marel se zafó la rodilla y no lo dejamos solo. Entonces, ya se imaginan cómo lo vieron ellas, desde el punto de vista de que “le hicimos cena y nos dejó plantadas”.
Le pedí cacao y ella, mientras me abraza, dice “no te voy a perdonar nunca” y me da un besito. Ante la inminencia del perdón, creo que de todas formas seguiré trabajando en mi proceso de enfriamiento.
Pero bueno, volviendo al concierto, la presencia de la ex-percusionista de Charly García le dio aún más prestigio a la constelación que brillaba en los pasillos y asientos. Toda la gente era bienvenida por mis ojos.
Parecía una convención de bloggers. Aunque el término en este caso no me gusta usarlo, no sé por qué me da mala vibra. Tener un blog y actualizarlo supone un trabajo que respeto. Decir algo y además poner cuidado en cómo, tiene mucho valor, sobre todo en un país con amnesia selectiva y protestas con la boca cerrada.
Pero el caso es que había mucha gente con blogs. A algunos, siento que los conozco tanto, que hasta se me olvida que fue a través de un blog.
Chío y Marel son dos padres ejemplares. Andan con fotos de Luna y Ava (respectivamente) y la verdad es que son dos damas bastante buenamozas.
Justo cuando iba a empezar el concierto llegó una dupla simpática para los conductores suicidas de la ciudad. David y El Poeta. Por fin se dignó el Deivid a acompañarnos. De camino a casa, El Poeta Demente y yo disfrutamos del álbum “Bolsillos” de Pedro Guerra, casi tanto como Rosanel, Collins y yo en el viaje de ida.
En el cumple de mi madre, pre-show del concierto, la pasamos de lo más bien. Como siempre, Magia y El Here adornaron la sala junto a Howard, Emely, Melina, Susana y Ronnie. Ya les traeré fotos de Ronnie. Es un charlatán.
Y bueno, ya estoy hablando demasiado y tengo que escribir un anuncio antes de que se me olvide.
jueves, febrero 17, 2005
El imperdonable
Puedo ver esas crueles escenas, de mucha entrega y largarse. Llenas el vaso y de repente, cuando te bebes el vino rápidamente, ni siquiera sabes cómo pasó y hasta lo olvidas; El amor sólo existe en las promesas, el vaso queda vacío y no le diste tiempo al vino para que fuera eterno.
Ely
"La verdad es que Dios me maldijo con la pobreza, porque si yo iba a ser un arrancao, viejo, dame gustos de chopo, pero no me des gustos de rico, cuando yo no tengo un centavo. Se pasó el pana."
"El dinero no te lleva a la felicidad, pero te deja a dos o tres cuadras, solamente".
Ely Vásquez
"El dinero no te lleva a la felicidad, pero te deja a dos o tres cuadras, solamente".
Ely Vásquez
miércoles, febrero 16, 2005
Retrovisor
Si los palos de luz en medio de la carretera no hubieran iluminado debajo de sus parpados, pudiera decir que no veía.
Alejé mis párpados del fondo, buscando alguna forma de abrir la entrada del tamaño de su oído y rompí mis retinas. Hice flechas.
El arco de angustia no soportaba presión de la cuerda de mis pestañas. Atornillé unos cuantos besos en un brazo inerte y fueron batidos como excusas para subir el costo del recuerdo.
No pude ver los palos de luz en medio de toda la carretera, porque parte de mis ojos habían clavado su mirada. Era una bestia...
No podía verla, sin embargo, el iris parecía una brújula magnética que mareaba mi sien. Me paré sin saber y disparé con mis venas hasta que empecé a perder peso, por lo que decidí atacar con mi garganta. La bestia, aparentemente golpeada, atacaba olvidándome.
No sé qué pasó, pero desperté y había desaparecido. Mis huellas digitales se habían borrado, sólo tenía sudor entre los dedos y en la palma de mis manos.
No se qué debo hacer para comerme su barba y mezclar mi saliva con su aliento. Unir su pelo y espalda, caminar arrodillado en sus muslos.
Pude ver desde sus manos y cuello, la luna. Y tal recuerdo nos deja sentados admirándonos y acariciando nuestras dudas ajenas a la batalla. Viceversa visual. Ya sé por qué elegí unir los puntos de la magia y los rayos de luz.
Todavía veo sus cejas pegadas al retrovisor, como aquella noche en que lo palos de luz alumbraban debajo de sus párpados, en medio de la carretera.
*Del libro "Diez", hace mucho tiempo.
Alejé mis párpados del fondo, buscando alguna forma de abrir la entrada del tamaño de su oído y rompí mis retinas. Hice flechas.
El arco de angustia no soportaba presión de la cuerda de mis pestañas. Atornillé unos cuantos besos en un brazo inerte y fueron batidos como excusas para subir el costo del recuerdo.
No pude ver los palos de luz en medio de toda la carretera, porque parte de mis ojos habían clavado su mirada. Era una bestia...
No podía verla, sin embargo, el iris parecía una brújula magnética que mareaba mi sien. Me paré sin saber y disparé con mis venas hasta que empecé a perder peso, por lo que decidí atacar con mi garganta. La bestia, aparentemente golpeada, atacaba olvidándome.
No sé qué pasó, pero desperté y había desaparecido. Mis huellas digitales se habían borrado, sólo tenía sudor entre los dedos y en la palma de mis manos.
No se qué debo hacer para comerme su barba y mezclar mi saliva con su aliento. Unir su pelo y espalda, caminar arrodillado en sus muslos.
Pude ver desde sus manos y cuello, la luna. Y tal recuerdo nos deja sentados admirándonos y acariciando nuestras dudas ajenas a la batalla. Viceversa visual. Ya sé por qué elegí unir los puntos de la magia y los rayos de luz.
Todavía veo sus cejas pegadas al retrovisor, como aquella noche en que lo palos de luz alumbraban debajo de sus párpados, en medio de la carretera.
*Del libro "Diez", hace mucho tiempo.
Ensayo
- ¿Alou? ¿se va a dar? ¿a qué hora? mira, llámame desde que salgas del trabajo, pa coger pa llá.
Siempre uno empieza a emocionarse desde los ensayos. La curiosidad de cómo tocará Ely en tal pieza, cómo será el solo de Fede en tal otra, que Collins suba el volumen del bajo, que el Chómpiras, señores hay que juntarse con Alex en esta semana, Janio Mike llama a Marel, dile que si soporta tocar en tal sitio antes, porque casi nadie sabe del ventiséis, hay que darle promoción a la vaina, vamos a llevar vino, que si no, no se canta bien.
Eso siempre está bueno, preocuparse por los asuntos que uno disfruta. Hay puertas que funcionan como válvulas de escape que te llevan a un mundo que existe contigo, pero que no ves normalmente. Lo que sí se ve es el mismo lugar a la misma hora, todos los días. Cuando uno sale hacia adentro de uno, da la impresión de que estamos en recreo. Sin embargo, debería ser esa una especie de rutina. Debería ser esa la misma hora y lugar. Aunque quién sabe, a lo mejor estamos ahora precisamente en el sueño de ese sueño.
Por eso, cuando llegamos a una conclusión contradictoria como ésta, reforzamos la idea de que la vida es por ahora una especulación. Y cuando no sabemos nada, creemos que es mejor callar y seguir. Así que ya haré silencio.
Siempre uno empieza a emocionarse desde los ensayos. La curiosidad de cómo tocará Ely en tal pieza, cómo será el solo de Fede en tal otra, que Collins suba el volumen del bajo, que el Chómpiras, señores hay que juntarse con Alex en esta semana, Janio Mike llama a Marel, dile que si soporta tocar en tal sitio antes, porque casi nadie sabe del ventiséis, hay que darle promoción a la vaina, vamos a llevar vino, que si no, no se canta bien.
Eso siempre está bueno, preocuparse por los asuntos que uno disfruta. Hay puertas que funcionan como válvulas de escape que te llevan a un mundo que existe contigo, pero que no ves normalmente. Lo que sí se ve es el mismo lugar a la misma hora, todos los días. Cuando uno sale hacia adentro de uno, da la impresión de que estamos en recreo. Sin embargo, debería ser esa una especie de rutina. Debería ser esa la misma hora y lugar. Aunque quién sabe, a lo mejor estamos ahora precisamente en el sueño de ese sueño.
Por eso, cuando llegamos a una conclusión contradictoria como ésta, reforzamos la idea de que la vida es por ahora una especulación. Y cuando no sabemos nada, creemos que es mejor callar y seguir. Así que ya haré silencio.
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