lunes, noviembre 14, 2005

LEO

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Leo y yo hemos pasado ratos increíbles últimamente y me ha invitado a cantar una canción con él en su concierto con Tony Almont, ex-Toque Profundo, al igual que el primero.

Será un honor compartir con ellos, y muy divertido.

miércoles, noviembre 09, 2005

Michers a la Morissette

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Hace tiempo le preguntábamos en la universidad a Michi si pensaba cantar algún día y pedíamos algún cover de Alanis, por lo mucho que le gustaba y el parecido silencioso de algunas actitudes. Cuando eso, no sabía que Michelle pensaba en serio en eso de la música, nos dejamos de ver con frecuencia y hace meses, al reencontrarnos por estos montes cibernéticos, me enteré de que tenía banda y tocaba de vez en cuando. Para colmo, el próximo 19 presenta un concierto acústico con las canciones de Alanis en Casa de Teatro, con músicos que hicieron un tributo a Dave Mathews Band hace poco. Supongo que eso garantiza que suenan súper. Vamos pa' llá. Me alegra haber fuñido a Michelle con eso tantas veces.


La banda:

Michelle Maura - Voz
Ramon Liranzo - Guitarra
Joham Martinez - Bajo
Ismar Torres (el mope)- Percusión

Más info: www.michers.blogspot.com

martes, noviembre 01, 2005

Nada

Ya salió el primer single de Marel. Se llama "Nada", una de mis canciones favoritas de la camada Alemany. Empiecen a pedirla en la radio, así logramos que se vayan acostumbrando a poner buena música dominicana que no sea merengue, bachata ni reguetón. El disco, según vi en su blog, sale el 20 de enero.

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Marel, con cara de artista.

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Marel y yo, en la sala de su Casa de Teatro.

viernes, octubre 28, 2005

Poeta y dos puntos

Querido Isaac:



Te escribo desde el quinto cielo de la Plaza Compostela, con más gripe que ideas, como si faltaran sinutabs y sobrara presente. Santo Domingo hace rato que está aburrida y sentada en el rincón de algún local vacío en el que hubo un bar.

Precisamente ahora que la vida me da turno, el desierto se mete en las calles, la crisis nos deja a varias esquinas del barrio de los besos pendientes y la gasolina se encuentra sólo en las estaciones de radio.

No recuerdo cuándo fue la última vez que escribí, pero seguramente fue después de descubrir que estaba contaminado de mí mismo, descubriéndome repetido en algunas páginas.

Poco después vino el período de lectura, de autocrítica y claro, el complejo. Entonces no he podido escribir otra cosa que no sea teléfonos, direcciones.

Quisiera hablar de la innecesaria sobrevaloración de la sinceridad, y de las mentiras piadosas que evitan heridas. Quisiera demostrar que la palabra sangra, contar historias, evitar oraciones inertes, escribir vainas de odio contra el mundo y luego reconciliarme con él. Pero hoy no estoy en pendejadas.

jueves, octubre 27, 2005

Razón para tocar puerta

Cuando se escucha un crujir de huesos, es porque él está ahí. Empecé a dar pasos de baile para ver si por el movimiento se cerraba la llave y de repente, sonó otra vez un “¡clack!”, ahora acompañado de un bostezo, por lo cual supe que era su mandíbula.

En medio de la fatal desesperación física, tuve escasos segundos de alegría, porque los hombres, cuando satisfacemos necesidades como éstas, somos culpables de ciertas conductas recurrentes: bostezo, nos acariciamos el pecho, presionamos la palanca con la uña del dedo mayor, subimos el zipper, abotonamos y cerramos la hebilla de la correa. Luego, nos miramos en close up contra el espejo hasta el último detalle, porque no sabemos cuándo será la próxima vez que nos topemos con otro.

Por eso, después de los huesos de su mandíbula, empiezo a imaginarme qué estaría haciendo yo en ese instante, si estuviera del otro lado de la puerta. Lo hago para distraer la mente sin mucho éxito y cada vez mis piernas se parecen más a las alas de una mariposa, que rápidamente se convierte en una violentísima mariposa, aleteando fuertemente, escuchándose el sonido de los jeans con el viento, soltando aire por la nariz, como si estuviera sacando agua del Titanic en medio del pánico.

De repente, suena la manija del lavamanos y ahí me calmo un poco sin darme cuenta, aunque rápidamente empieza el caos.

No voy a tocar la puerta, porque cuando estoy ahí adentro, lo que más odio es precisamente eso. Ese espacio, a pesar de ser público, es lo más privado que tenemos y nadie tiene derecho a molestarnos. Ni siquiera a los presos se les niega esa intimidad; la regla consiste en que nadie los perturbará y ellos no harán ningún plan de escape en el tiempo dedicado a estas acciones. El acuerdo se desarrolla por instinto, naturaleza animal y sucede lo mismo: a nadie se le ocurre molestar.

Sin embargo, el hombre no sale y yo he hablado hasta de las cárceles, la privacidad y los derechos humanos. Parece que se está lavando la cara y ya he empezado a soltar el aire a presión por la nariz y la boca; el sonido es idéntico al del metro de Barcelona, mientras mis manos casi no aguantan las ganas de agarrar el zipper con toda su fuerza. Mi cerebro manda órdenes constantemente de no abrir fuego, pero cada segundo que pasa, va perdiendo autoridad.

El tipo, con toda su calma, agarra una hoja de papel sanitario, se limpia la garganta, seca su cara y empieza a silbar parsimoniosamente.

Ya mi baile se ha convertido en marcha y yo hago la banda sonora con un instrumental inédito de mi única responsabilidad. Ha pasado gente por el pasillo y me ha visto como un símbolo de la desesperación total, como un argentino de principios de siglo XXI, como un trapecista que trabaja con sus dos pies sobre la tierra.

De repente, uno de mis compañeros de trabajo se detiene y empieza a contarme por qué cree que lo van a despedir y que si es por él, se fuera, lo que pasa es que… y cosas así, que no alcancé a escuchar, porque mi prioridad era que esa puerta se abriera para entrar como la luz a ese oasis de concreto y porcelana.

Pero mi compañero se esmeraba en dar detalles y pronto llegó a su vida íntima, a que su familia lo tenía harto y que su padre era un irresponsable y que se había atrevido a decir que su santa madre era una hija de puta y quién sabe cuántas cosas más a las que yo no hacía caso, hasta que el tipo empieza a hablar con cortos terremotos violentos en la garganta y sus ojos se humedecen, se aguan y a llorar se ha dicho.

- Discúlpame si te estoy cansando con esta historia de mierda, yo sé que es molesto.
- No, no, de ninguna manera, yo estoy aquí para escucharte.
- Me da la impresión de que no quieres oírme y que no me has puesto atención.
- Claro que te escucho, dime.

Claro que no lo escuchaba. Sentía que mi cabeza se explotaba porque había estado aguantando el baile por pudor inconsciente. Pero aprovechaba cualquier comentario para hacer un movimiento brusco. Por ejemplo, decía “no tienes que ponerte así” doblando el cuerpo y soltando fuertemente el brazo derecho hacia delante. O decía “¡qué vida ésta!” mientras tiraba hacia atrás la cabeza, pegando la parte trasera de la espalda.

Hasta que no aguanté más y dije “tienes que tomar la vida desde otro punto de vista, goza, que nada es tan importante”, tomando ese dislocado comentario como excusa para bailar con mucho más ímpetu que hace un rato, cuando todavía no había derramado varias gotas ni tenía muy serios problemas de seguridad en la salida, como ahora.

Desde adentro sonó un teléfono celular y el hombre se alegró de hablar con una tal Marta, mientras mi compañero se consolaba a medias con mi baile y yo empezaba a sentir que no tenía salida y que si trataba de ir a otro sitio, me volvería un desastre.

Mi compañero siguió contándome con atención y me pedía que dejara de bailar para continuar, porque “para esto hay que ponerse serios”.

Ya se me están zafando pequeños caños intermitentes y siento que la eternidad recién empieza.

Se escucha la cerradura de la puerta y justo en ese instante llega mi jefe de muy buen humor, nos saluda y el tipo sale (era quien yo pensaba), pero como el jefe vio que yo “escuchaba” las confesiones familiares de mi compañero, dijo “disculpen, pero cuando empiezan las ganas, yo prefiero ir de inmediato, porque si no, se daña la próstata. Y yo no sé muy bien lo que es eso, pero he oído algo de un dedo en donde no es”. Ante mis ojos llenos de lágrimas agarró el manubrio y entró riéndose por su chiste, mientras yo sonreía por cortesía, con una expresión de “no lo puedo creer”.

El jefe puso seguro varios segundos después de entrar y tuve que elegir entre volver descaradamente a aguantar la burla de todos, o enviar mi renuncia por correo electrónico, tiempo después.

lunes, octubre 24, 2005

Malena

Por una calle paralela a la Avenida Núñez camina Malena todos los días. El horizonte la presiente y los muchachos del colmado hacen un minuto de silencio. El tiempo se detiene. Otra vez son poco más de las nueve, ella también llega tarde.

lunes, octubre 10, 2005

Concierto

El concierto estuvo buenísimo. Manolo demostró mucho de lo que sabe, fue brillante, con mucho carácter; Collins apoyó con las pilas bien puestas, probó cosas, se atrevió; Maria Graciela fue traicionada por el sonidista, pero quienes pudimos escucharla la respetamos aún más, es una puerta. SuperMaria sorprendió con el bongó a todo el mundo (yo ya sabía), qué bien, mientras que Giovelius puso su particular timbre de voz al servicio de los ojos cerrados.

Muchísimas gracias a todos los que fueron y los que enviaron la energía positiva que recibimos. Con amigos como ustedes no se necesitan hermanos.

A los portadores de "no te imaginas lo que me pasó", gracias por preocuparse.

Ahora Galobo/Pie Izquierdo se pone a trabajar. Así que nada de ruido por varios meses.

Un abrazo a todos los que colaboraron: Marel (el cielo está en su casa), Angélica Martínez, David, Osmany, Altair. Y un agradecimiento especialísimo al productor Isaac (El Poeta Demente), responsable de que eso se diera.

Un beso gigante a Graciela, Manolo y J. Mike.

A Chío le cantamos su cancioncita desde acá, por haber ido al concierto desde allá.

Pronto fotos.

viernes, octubre 07, 2005

Mañana

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JLF/DFK.



JanioManoloCollinsGracielaChomps y amigos.
Mañana.

lunes, octubre 03, 2005

Secretos

Les cuento que el concierto del sábado 8 en Split Café tomó un giro inesperado. Ahora será "Par de Pares de Manos", acústico totalmente, con varios invitados y el estreno oficial del dúo con Manolo.

Esto ocurrió porque de repente ha surgido la posibilidad de grabar con toda la banda, y estamos construyendo las canciones una por una, desde cero, llevando todo por un solo camino conceptual, nos pasamos las noches corrigiendo letras, arreglos, etc..

Entonces, queremos que la banda haga conciertos cuando todo esté armado. De manera que el próximo sábado será una especie de despedida por un rato, en lo que trabajamos en el asunto. Probablemente hasta el año que viene. No queremos tocar sin presumir aunque sea un poquito.

Como en toda fiesta de despedida, habrá invitados. Por ahí podremos ver a Giovelius, Marel, Chómpiras y alguna sorpresa. Se mantienen Manolo, Collins y Gracielita en el line up.

Seguramente, celebraremos también el éxito de la exposición de Maria, que empieza el jueves en Casa de Teatro.

jueves, septiembre 29, 2005

Chat con Sabina

http://www.elmundo.es/encuentros/invitados/2005/09/1679/index.html

martes, septiembre 20, 2005

Ladrón de Sábado

Hugo, un ladrón que sólo roba los fines de semana, entra en una casa un sábado por la noche. Ana, la dueña, una treintañera guapa e insomne empedernida, lo descubre in fraganti. Amenazada con la pistola, la mujer le entrega todas las joyas y cosas de valor, y le pide que no se acerque a Pauli, su niña de tres años. Sin embargo, la niña lo ve, y él la conquista con algunos trucos de magia. Hugo piensa: «¿Por qué irse tan pronto, si se está tan bien aquí?» Podría quedarse todo el fin de semana y gozar plenamente la situación, pues el marido -lo sabe porque los ha espiado- no regresa de su viaje de negocios hasta el domingo en la noche. El ladrón no lo piensa mucho: se pone los pantalones del señor de la casa y le pide a Ana que cocine para él, que saque el vino de la cava y que ponga algo de música para cenar, porque sin música no puede vivir.

A Ana, preocupada por Pauli, mientras prepara la cena se le ocurre algo para sacar al tipo de su casa. Pero no puede hacer gran cosa porque Hugo cortó los cables del teléfono, la casa está muy alejada, es de noche y nadie va a llegar. Ana decide poner una pastilla para dormir en la copa de Hugo. Durante la cena, el ladrón, que entre semana es velador de un banco, descubre que Ana es la conductora de su programa favorito de radio, el programa de música popular que oye todas las noches, sin falta. Hugo es su gran admirador y. mientras escuchan al gran Benny cantando Cómo fue en un casete, hablan sobre música y músicos. Ana se arrepiente de dormirlo pues Hugo se comporta tranquilamente y no tiene intenciones de lastimarla ni violentarla, pero ya es tarde porque el somnífero ya está en la copa y el ladrón la bebe toda muy contento. Sin embargo, ha habido una equivocación, y quien ha tomado la copa con la pastilla es ella. Ana se queda dormida en un dos por tres.

A la mañana siguiente Ana despierta completamente vestida y muy bien tapada con una cobija, en su recámara. En el jardín, Hugo y Pauli juegan, ya que han terminado de hacer el desayuno. Ana se sorprende de lo bien que se llevan. Además, le encanta cómo cocina ese ladrón que, a fin de cuentas, es bastante atractivo. Ana empieza a sentir una extraña felicidad.

En esos momentos una amiga pasa para invitarla a comer. Hugo se pone nervioso pero Ana inventa que la niña está enferma y la despide de inmediato. Así los tres se quedan juntitos en casa a disfrutar del domingo. Hugo repara las ventanas y el teléfono que descompuso la noche anterior, mientras silba. Ana se entera de que él baila muy bien el danzón, baile que a ella le encanta pero que nunca puede practicar con nadie. Él le propone que bailen una pieza y se acoplan de tal manera que bailan hasta ya entrada la tarde. Pauli los observa, aplaude y, finalmente se queda dormida. Rendidos, terminan tirados en un sillón de la sala.

Para entonces ya se les fue el santo al cielo, pues es hora de que el marido regrese. Aunque Ana se resiste, Hugo le devuelve casi todo lo que había robado, le da algunos consejos para que no se metan en su casa los ladrones, y se despide de las dos mujeres con no poca tristeza. Ana lo mira alejarse. Hugo está por desaparecer y ella lo llama a voces. Cuando regresa le dice, mirándole muy fijo a los ojos, que el próximo fin de semana su esposo va a volver a salir de viaje. El ladrón de sábado se va feliz, bailando por las calles del barrio, mientras anochece.


Gabriel García Márquez

viernes, septiembre 09, 2005

El Gesto de la Muerte

Un joven jardinero persa dice a su príncipe:

-¡Sálvame! Encontré a la Muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.

El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la Muerte y le pregunta:

-Esta mañana ¿por qué hiciste a nuestro jardinero un gesto de amenaza?

-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.



Jean Cocteau

martes, septiembre 06, 2005

Ensayos

Anoche estuvimos ensayando y gozamos un mundo. El concierto será con nobles artesanos que adornan mi album genealógico musical. Manolo Fernández, al que ya vieron con seis cuerdas en el último concierto de Marel; Federico Méndez, guitarrista de Patricia Pereyra y Pie Izquierdo; Ely Vásquez, baterista de las mismas bandas, y la cellista más sexy de Gazcue, Maria Graciela Cuervo.

Habrá invitados e inventos raros.

lunes, septiembre 05, 2005

Algo muy grave va a pasar en este pueblo

Algo muy grave va a suceder en este pueblo
[Cuento contado: Texto completo]

Gabriel García Márquez
Nota: En un congreso de escritores, al hablar sobre la diferencia entre contar un cuento o escribirlo, García Márquez contó lo que sigue, "Para que vean después cómo cambia cuando lo escriba".



Imagínese usted un pueblo muy pequeño donde hay una señora vieja que tiene dos hijos, uno de 17 y una hija de 14. Está sirviéndoles el desayuno y tiene una expresión de preocupación. Los hijos le preguntan qué le pasa y ella les responde:

-No sé, pero he amanecido con el presentimiento de que algo muy grave va a sucederle a este pueblo.

Ellos se ríen de la madre. Dicen que esos son presentimientos de vieja, cosas que pasan. El hijo se va a jugar al billar, y en el momento en que va a tirar una carambola sencillísima, el otro jugador le dice:

-Te apuesto un peso a que no la haces.

Todos se ríen. Él se ríe. Tira la carambola y no la hace. Paga su peso y todos le preguntan qué pasó, si era una carambola sencilla. Contesta:

-Es cierto, pero me ha quedado la preocupación de una cosa que me dijo mi madre esta mañana sobre algo grave que va a suceder a este pueblo.

Todos se ríen de él, y el que se ha ganado su peso regresa a su casa, donde está con su mamá o una nieta o en fin, cualquier pariente. Feliz con su peso, dice:

-Le gané este peso a Dámaso en la forma más sencilla porque es un tonto.

-¿Y por qué es un tonto?

-Hombre, porque no pudo hacer una carambola sencillísima estorbado con la idea de que su mamá amaneció hoy con la idea de que algo muy grave va a suceder en este pueblo.

Entonces le dice su madre:

-No te burles de los presentimientos de los viejos porque a veces salen.

La pariente lo oye y va a comprar carne. Ella le dice al carnicero:

-Véndame una libra de carne -y en el momento que se la están cortando, agrega-: Mejor véndame dos, porque andan diciendo que algo grave va a pasar y lo mejor es estar preparado.

El carnicero despacha su carne y cuando llega otra señora a comprar una libra de carne, le dice:

-Lleve dos porque hasta aquí llega la gente diciendo que algo muy grave va a pasar, y se están preparando y comprando cosas.

Entonces la vieja responde:

-Tengo varios hijos, mire, mejor deme cuatro libras.

Se lleva las cuatro libras; y para no hacer largo el cuento, diré que el carnicero en media hora agota la carne, mata otra vaca, se vende toda y se va esparciendo el rumor. Llega el momento en que todo el mundo, en el pueblo, está esperando que pase algo. Se paralizan las actividades y de pronto, a las dos de la tarde, hace calor como siempre. Alguien dice:

-¿Se ha dado cuenta del calor que está haciendo?

-¡Pero si en este pueblo siempre ha hecho calor!

(Tanto calor que es pueblo donde los músicos tenían instrumentos remendados con brea y tocaban siempre a la sombra porque si tocaban al sol se les caían a pedazos.)

-Sin embargo -dice uno-, a esta hora nunca ha hecho tanto calor.

-Pero a las dos de la tarde es cuando hay más calor.

-Sí, pero no tanto calor como ahora.

Al pueblo desierto, a la plaza desierta, baja de pronto un pajarito y se corre la voz:

-Hay un pajarito en la plaza.

Y viene todo el mundo, espantado, a ver el pajarito.

-Pero señores, siempre ha habido pajaritos que bajan.

-Sí, pero nunca a esta hora.

Llega un momento de tal tensión para los habitantes del pueblo, que todos están desesperados por irse y no tienen el valor de hacerlo.

-Yo sí soy muy macho -grita uno-. Yo me voy.

Agarra sus muebles, sus hijos, sus animales, los mete en una carreta y atraviesa la calle central donde está el pobre pueblo viéndolo. Hasta el momento en que dicen:

-Si éste se atreve, pues nosotros también nos vamos.

Y empiezan a desmantelar literalmente el pueblo. Se llevan las cosas, los animales, todo.

Y uno de los últimos que abandona el pueblo, dice:

-Que no venga la desgracia a caer sobre lo que queda de nuestra casa -y entonces la incendia y otros incendian también sus casas.

Huyen en un tremendo y verdadero pánico, como en un éxodo de guerra, y en medio de ellos va la señora que tuvo el presagio, clamando:

-Yo dije que algo muy grave iba a pasar, y me dijeron que estaba loca.

jueves, agosto 18, 2005

Algunos maestros

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Encontré esta foto con un grupo de caballeros notables. Ahí están varios de los mejores guitarristas de la historia. ¿A quiénes reconoces? con esa ropa sé que es un poquito más difícil.

Plural

Afuera la hija del vecino se besuqueaba en el carro de algún novio. En estos tiempos, la gente se pregunta el nombre al levantarse de la cama. Adentro, el calor esquivaba el frío acondicionado y el flash abrasador de los trenes que interrumpían la sincronía del idioma para abrir espacio a las tonterías oportunas. De lejos, las siluetas gesticulaban con dulzura.

El carro ronroneaba como los gatos y en el interior de su panza, las palabras cambiaron tanto de labios que ahora no sé quién está escribiendo esta foto, o si salió por la radio del guachimán, o fue el ladrido del perro realengo.

Es tarde y por eso estamos aquí, pero es temprano para irse, el sudor llama, el cuerpo responde. Afuera, la muchachita sigue allí, adentro la mujer se dejó morder, lamer, desear.

Su pecho se mantuvo a mano, las ganas en la punta de la lengua, algunos sueños se hicieron realidad a la fuerza y se tiraron por un tobogán de fresas con mermelada y montañas rusas.

El guachimán buscaba una posición más discreta y el perro no lo entendió. Su último ladrido sacó a la mujer del carro y la llevó a su habitación. La vecina envidió a la hija del vecino hasta que todos nos fuimos a dormir. Su marido ni sospecha que algo ocurre y celebra que Mike Tyson quiere una revancha.

martes, agosto 16, 2005

Silencio temporal

Sí, estoy cada vez más callado a juzgar por la cantidad de textos que subo a la semana, en comparación con varios meses atrás. Les cuento que el silencio no ha sido en vano, por ahí viene un par de publicaciones y alguna cosa musical. Empezaré a dar detalles desde que el asunto esté un poco más avanzado, para no parecer un suero de miel de abeja.

Además, pondré textos en cualquier momento. Estuve revisando cosas viejas y encontré algunas cosas. Lo nuevo todavía está demasiado crudo. Y... nada, no sé, mucha suerte pa' ustedes.

miércoles, agosto 10, 2005

Torre de Control

- ¿Me llamó alguien hoy?
- Sí, Mariana.
- Si llama de nuevo dile que no estoy.

Debo buscar una explicación a los errores que quizás cometa. El hombre se lleva una taza de café a la boca en la torre de control. Los tiempos han cambiado; los hombres, no.

Nadie más está ahí dentro al momento del despegue, son las diez de la mañana y tiene que salir como todos los días. No le debe nada a los años sesenta, porque de todas formas habríamos salido de la atmósfera. Enciende un cigarro sobre el tablero irrompible, mientras le pide un minuto a Apollo, su hijo menor, que espera pacientemente en el celular, dejándolo pronunciar la cuenta regresiva.

El piloto hace una broma y empieza a gritar distintos números para confundirlo, se ríen y el hombre dice “cero” cuando le da la gana. De repente, la azafata de la torre, con un té de limón y un pequeño pedazo de tela sobre su cuerpo, se acerca al coordinador.

Un par de yardas de piel que no estaban previstas provocan un evidente terremoto en el té sostenido por la mano del hombre, que ha olvidado sus labores diarias y a Apollo, que se cansó de esperar.

Pero la eficiente camarera dio la espalda y siguió su trabajo en otras oficinas. El hombre piensa y busca un par de teléfonos. Marisela murió y la tachó con su lapicero. Siente remordimiento durante dos minutos y luego cree que no tiene que conformarse con un estrecho cementerio de números, así que elabora un plan que va desde ecuaciones físicas hasta el próximo té, para que esta vez tiemble sobre la bandeja. El hombre ha terminado sus labores diarias.

- ¿quién me llamó?
- Mariana. Dijo que no volverá a llamar nunca.
- Qué bueno.

Ahora el viaje de Mariana importa menos. Todo importa menos. Se tapa los ojos con una taza de té o un pequeño pedazo de tela y juega a ver el sol a través de las cosas.

Al día siguiente, la azafata lleva un plato vacío, y muy cerca de él, desliza su lengua sobre la porcelana hasta humedecerla y la estrella contra su boca. El no entiende, trata de acercarse y ella da la espalda. Había puesto su renuncia ante los encargados, porque quería estudiar más veces a la semana. El hombre le pone la mano en el hombro y ella se aleja dos pasos más.

- Tiene un minuto para decir la única oración que puede hacerme suya.

El hombre sintió que era la última oportunidad de su vida, pero no alcanzaba a mirarla a los ojos, ni siquiera en algún reflejo. Pensó en el futuro, trató de entender la posible necesidad del oído de la joven, preparó una actuación desinteresada, pero estaba prácticamente entumecido. Entonces, en la persecución de tal vanidad, sólo tuvo tiempo para inventar una palabra. Y nunca más volvieron a verse.

Va como siempre donde la secretaria.

- ¿Cómo se llamaba la camarera?
- Usted conoce las restricciones de seguridad, señor.
- Y conozco las excepciones.
- Lo lamento, señor.
- ¿No dejó ningún mensaje?
- No.

martes, agosto 09, 2005

El (Yo)

Doña Venecia vino el mes pasado con lo mismo: siente que las flores le abren paso en el jardín con temor a ser alcanzadas por algún pedazo de su vestido. Aprovecho las horas posteriores a su visita para perder el control de las comisuras de mi vista, tras decirle lo que siento por el tipo que aparece en la ventana del lavamanos y me mira con cierto desprecio.

Quise cambiar mi biografía por la de un Jesucristo en el Monte Gólgota, comparándolo con esta discriminación disimulada, silenciosa, que lo único que me dejaba era ganas de huir a no sé dónde. Quise cambiar de siglo, retocar las fotos del futuro, empezar a vivir de nuevo.

En la mesa, dos libras de dieta. Afuera la compasión, la pena. Adentro, emprendí contra el hombre del espejo, que hablaba de mí a mis espaldas.

Me fui cansando. El peso de la paranoia, la búsqueda infructuosa de vanidad, saberse invisible ante diminutas piezas de tela que adornan los parques y los patines, sacaron al sol mis ganas de matar a ese desgraciado que me espera temprano, como siempre en el lavamanos, pero esta vez con el rostro desfigurado por mis propias manos.

Entonces, metido en ese laberinto de enfrentamientos internos, las horas me deformaron hasta convertir cada centímetro en un infinito universo de aserrín, mientras yo atravesaba la difícil metamorfosis para llegar a ser una aguja en cualquier parte de millones de kilómetros de paja.



2000.

viernes, agosto 05, 2005

Perfecto

Definitivamente, soy un tipo perfectp.